Lirios, garras de león y añañucas inspiran las etiquetas de Alma de Huasco, un emprendimiento familiar que combina tradición olivícola, diseño y biodiversidad para diferenciar sus aceites de oliva con Denominación de Origen.
El Desierto Florido no solo constituye uno de los fenómenos naturales más sorprendentes de Atacama. Su riqueza paisajística y biodiversidad también comienza a transformarse en una fuente de inspiración para emprendimientos que buscan dar identidad a sus productos y proyectar el patrimonio regional hacia nuevos mercados.
Es el caso de Alma de Huasco, una iniciativa de agricultura familiar campesina ubicada en el sector Bellavista de Huasco Bajo, donde Luisa Villalobos, su esposo Gabriel Castillo y su hija Carmen han desarrollado una propuesta que vincula la producción de aceite de oliva extra virgen con las flores características del desierto atacameño.
Con apoyo de INDAP y el trabajo creativo del diseñador e ilustrador Max Feito, la familia incorporó tres especies florales a las etiquetas de sus aceites, estableciendo una relación entre las características de cada variedad de oliva y los atributos simbólicos de la flora regional.
La variedad Arbequina se identifica con el lirio, evocando la suavidad y las notas frutadas de su aceite. La Sevillana, en tanto, se relaciona con la garra de león, una especie emblemática del Desierto Florido que representa resistencia e intensidad. Finalmente, la Manzanilla encuentra su inspiración en las añañucas, flores que simbolizan la belleza y la vida que emergen en medio de la aridez.
Para Carmen Castillo, esta relación entre naturaleza y producción agrícola expresa una característica esencial del territorio: “La añañuca florece en colores; la otra, en oro verde: el aceite de oliva. Ambas cuentan la misma historia: la de un desierto que, lejos de ser ausencia de vida, es una extraordinaria expresión de ella”.
Más allá de su presentación visual, la propuesta busca fortalecer el valor de origen de los aceites y construir una identidad reconocible para consumidores interesados en productos que reflejen la historia, la cultura y las particularidades de su lugar de procedencia.
Alma de Huasco cuenta con cinco años de certificación de Denominación de Origen y posee certificación orgánica mediante un Sistema Participativo de Garantía. Su trayectoria también incluye experiencias de innovación como Koroneikids, un aceite desarrollado a partir de la identificación de atributos particulares de la variedad Koroneiki y presentado como una alternativa orientada al público infantil.
El proyecto ha contado con el respaldo de INDAP, institución que ha contribuido mediante asesoría especializada y cofinanciamiento para fortalecer la diferenciación comercial del emprendimiento.
La directora regional subrogante de INDAP Atacama, Daniela Pino Hernández, destacó que este tipo de iniciativas permite agregar valor a la producción local y aprovechar el interés turístico que despierta el Desierto Florido.
La experiencia de Alma de Huasco muestra cómo el diseño puede convertirse en una herramienta para comunicar el origen de los alimentos y conectar la actividad agrícola con otros ámbitos del desarrollo regional, como el turismo, la conservación de la biodiversidad y la puesta en valor de las tradiciones productivas.
En un territorio donde el cultivo del olivo forma parte de una historia agrícola de larga data, esta familia apuesta por demostrar que la identidad de un producto no depende únicamente de lo que contiene una botella, sino también de la historia del lugar del que proviene.
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