Cada 21 de septiembre se reconoce a quienes hacen posible la radio en Chile. La tradición se remonta a 1942 y durante décadas tuvo una particularidad: muchas emisoras silenciaban sus transmisiones para entregar una jornada de descanso a sus trabajadores.
Una voz al otro lado del receptor. Una canción dedicada. El aviso urgente durante una emergencia. Los resultados del fútbol, las noticias de la mañana o simplemente alguien hablando mientras una persona trabaja, conduce o permanece sola en casa.
La tecnología ha cambiado prácticamente todo alrededor de ella, pero la radio continúa acompañando la vida cotidiana de millones de personas.
Este 21 de septiembre Chile conmemora el Día Nacional del Trabajador de la Radiodifusión Sonora, conocido popularmente como el Día del Trabajador Radial, una jornada dedicada no solamente a quienes están frente al micrófono, sino también a operadores, periodistas, técnicos, productores, controles, administrativos y todos quienes permiten que una emisora salga al aire.
La historia de esta celebración se remonta a 1942, durante el gobierno del Presidente Juan Antonio Ríos, cuando comenzó a conmemorarse el denominado Día de la Radio.
Décadas después, el 16 de septiembre de 1991, durante el gobierno del Presidente Patricio Aylwin, se dictó el Decreto Supremo N.º 259, que declaró oficialmente el 21 de septiembre de cada año como Día Nacional del Trabajador de la Radiodifusión Sonora. El propio decreto reconoció que los trabajadores del sector ya celebraban tradicionalmente esa fecha y destacó la importancia de la radio como medio de comunicación.
La celebración tenía entonces una característica que hoy puede resultar difícil de imaginar.
Durante años, el 21 de septiembre significó que numerosas radios dejaban de transmitir durante la jornada, permitiendo que sus trabajadores tuvieran un día de descanso. La tradición llegó a estar tan arraigada que la Dirección del Trabajo reconoció en 2000 la existencia histórica de este beneficio para trabajadores que ya gozaban de él.
Con el tiempo, esa costumbre fue cambiando. ARCHI dejó a sus emisoras asociadas en libertad para decidir la manera de conmemorar la jornada y muchas estaciones continuaron transmitiendo normalmente, incorporando programaciones y saludos especiales.
La radio también comenzó su propia transformación.
Del receptor instalado en el living de una casa pasó al automóvil, al teléfono celular y al computador. A las tradicionales señales AM y FM se agregaron las transmisiones online, aplicaciones, redes sociales, streaming, podcast y contenidos audiovisuales.
Cambió la tecnología y también cambió la forma de trabajar dentro de una emisora. Hoy un programa puede escucharse en vivo, verse mediante una transmisión por internet y permanecer disponible posteriormente como contenido digital.
Pero hay algo que sigue siendo reconocible: la cercanía.
Y esa característica adquiere una dimensión particular en regiones y comunas alejadas de los grandes centros urbanos.
En territorios como Atacama, la radio continúa siendo compañía, información y servicio. Está presente en ciudades, localidades rurales y sectores apartados; conversa con sus comunidades y, especialmente durante emergencias, puede transformarse en un vínculo fundamental entre lo que ocurre y quienes necesitan saberlo.
Detrás de cada transmisión existe además un oficio colectivo.
Porque la radio nunca ha sido únicamente la voz que se escucha. También están quienes buscan una noticia, preparan una entrevista, seleccionan la música, operan una consola, mantienen un transmisor funcionando, producen un programa, venden publicidad o contestan el teléfono cuando un auditor llama para contar algo que ocurre en su población.
Han pasado 84 años desde aquella conmemoración iniciada en 1942 y 35 desde que la fecha quedó oficialmente reconocida mediante el decreto de 1991.
En ese tiempo desaparecieron equipos, llegaron nuevas tecnologías y las audiencias aprendieron otras maneras de informarse y entretenerse.
Pero cada vez que se enciende un micrófono y alguien pronuncia aquellas palabras que han acompañado generaciones —“estamos al aire”— comienza nuevamente uno de los oficios más profundamente conectados con sus comunidades.
Este 21 de septiembre, el reconocimiento es para todos quienes todavía hacen posible esa conexión.
Larga vida a la radio y a sus trabajadores !!
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